lunes, 6 de octubre de 2025

Las voces de la montaña

 


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Las voces de la montaña

Leonardo Bistolfi (Italia, 1859–1933)

Monumento al senador Federico Rosazza – 1909
Yeso modelado y vaciado
Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires


En Las voces de la montaña, Leonardo Bistolfi construye mucho más que un monumento conmemorativo: levanta un altar simbólico donde confluyen historia, espiritualidad y geografía. Realizada en 1909 como modelo preparatorio para el monumento funerario definitivo del senador italiano Federico Rosazza Pistolet, esta obra en yeso —estructurada como un tríptico escultórico— despliega el alfabeto completo del simbolismo de inicios del siglo XX.

La montaña no es aquí un simple paisaje: es matriz y eco. De ella emergen figuras humanas que no sólo representan a los vivos, sino a los ideales que sobreviven a la carne. Juventudes que tocan la lira, que beben de la fuente, que portan espadas o flores, habitan los paneles como alegorías del pensamiento, del arte, de la acción cívica. Estas “voces” silenciosas se levantan en gesto de invocación: la montaña habla a través de ellas.

Rosazza, abogado, político y filántropo oriundo del Piamonte, había dedicado su vida al bienestar de su comunidad natal. En su figura confluyen el ideal ilustrado y el sentido profundo del arraigo. Bistolfi traduce esa complejidad mediante una composición cargada de espiritualidad, donde lo humano se funde con la piedra como si el alma misma de la montaña diera testimonio del legado de su hijo más ilustre.

Los símbolos masónicos que surcan la obra —la espada, el equilibrio de formas, la armonía numérica del tríptico— refuerzan esta dimensión esotérica y universal del homenaje. Las figuras no están encerradas en una escena histórica: flotan en un tiempo sin tiempo, donde lo real y lo ideal conviven.

Formalmente, Bistolfi recurre al bajorrelieve profundo para lograr una sensación de suspensión y fluir. Las superficies rugosas contrastan con los cuerpos suaves y jóvenes, como si el mármol futuro esperara a ser revelado bajo el yeso. La luz juega un papel crucial: al incidir lateralmente, dramatiza los volúmenes y vuelve escultórica la sombra.

Presentada en la Exposición Internacional del Centenario en Buenos Aires en 1910, la obra fue adquirida por el Museo Nacional de Bellas Artes, convirtiéndose en una de las piezas emblemáticas de su colección internacional. Hoy, Las voces de la montaña sigue resonando como un canto mineral al compromiso cívico, a la belleza y a la memoria.

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